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Una mujer que hizo historia: Isabel Barreto (1567 – 1610)

Es la primera vez que nuestra protagonista es una dama. ¿Damos los historiadores a la mujer el sitio que les corresponde en la historia? No creo. Un joven llamado Confucio dijo hace 2.500 años: ‘No conocí aún un hombre capaz de valorar la virtud más que una cara bonita’. Él trabajaba para el duque de Wei, quien tenía una amante secreta. Puso la relación en evidencia yendo a casa de la mujer para pedirle un informe sobre el duque. Perdió su empleo y estalló un escándalo: 1) la amante era beneficiada por el duque; 2) al duque no le importaba que su amante supiera que no era un hombre virtuoso; 3) contaba con la complicidad de su amante para pasar por un marido ideal; 4) la amante lo atraía por su ‘cara bonita’; 5) las virtudes del duque eran su título de nobleza [no su proceder noble] y dinero… Confucio no juzga al duque, limitándose a denunciar la debilidad viril: “No conocí aún un hombre…”, y sugiere que alguna gente, la de vida más desordenada, era la que se escandalizaba más. Es obvio que no somos todos iguales: “entre los nacidos de mujer, no hay mayor profeta que…” (Lucas 7: 28) lo que prueba que hay mejores y peores. Y tomamos como algo natural que la mujer atractiva tiene ventajas... y que sabe usarlas con destreza. Pero aún la más bonita es vista por el hombre como inferior a él. La mujer lo sabe y si logra el poder… lo defiende con dientes y garras dejando huellas de dentelladas y zarpazos a quien desea desconocerla. Creo que eso pasó con Isabel Barreto, usualmente caratulada como trepadora y despótica… 
Empecemos por el inicio. Isabel nació en 1567, en Galicia. Con su familia cruzó el Atlántico a ‘hacerse la América’, como otros españoles. Lamentaba no ser varón porque entonces el prestigio y el dinero estaban al alcance sólo de descubridores, exploradores y conquistadores. Y ella era mujer. Días después de su arribo llegó el nuevo virrey, Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete. Isabel supo que habría un baile de gala, y que acudiría la flor y nata de la rancia alcurnia de la ciudad de los reyes, Lima. Entre otros iría el apuesto Almirante Álvaro Mendaña, descubridor de las islas de Salomón (vecinas a Australia) que volvería a ellas para tomarlas en nombre de Felipe II. Isabel fue invitada a la fiesta y le tocó estar en la mesa del gallardo marino. Esa misma noche “iniciaron lo que hoy llamaríamos un “flirt”, en el que toda la acometividad y la insinuación partirían de la enérgica muchacha, decidida a jugar un rol relevante en la historia de los descubrimientos”. (Carlos B. Vega. Conquistadoras, McFarland, New Jersey, 2003, p. 168) Si bien el libro es reciente, la única fuente es Pedro Fernández Quirós, figura que chocó con Isabel desde el primer día.
El título de Almirante era mayor al de virrey. Lo lograba quien por medio de las armas extendía el reino de Castilla. Por ello se otorgó a Colón. El título se llegó a vender en verdaderas fortunas, con derecho a traspasarlo una vez a un heredero, y luego se extinguía. Fernández Quirós soñaba secretamente suceder a Mendaña. Pero no contaba con Isabel. La flota hacia las Salomón se compondría de cuatro naves: el Almirante mandaría la capitana, y los tres hermanos de Isabel las otras tres. Salieron el 9 de abril de 1595. Pedro Fernández Quirós sería solo piloto de navegación. Y Pedro Marino Manrique fue designado Capitán General, máxima figura del escalafón militar.
El viaje parece libreto de un film truculento, digna de premio en el rubro ‘cine de terror’. Viajaban varias mujeres, ya que se proyectaba fundar un pueblo. Reconocieron las Marquesas, las Espóradas, la actual República de Tokelau hasta llegar a las Santa Cruz, sección oriental de las Salomón, ya visitadas por Mendaña. Tras superar un tifón en el Pacífico se instalaron en la bahía que llamaron Graciosa: “por bella, de fértil apariencia, rasgos típicos de Andalucía. Había un río, muchos puercos, gallinas, perdices, bananos, cocoteros, almendras, raíces comestibles, pesca… Allí se fundaría el poblado. Todo iba bien hasta que los españoles reclamaron más comida que la que les daban los nativos”. (Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, Montaner y Simón, Barcelona, 1896, t. XV, pag. 51) Manrique intuyó que Mendaña quería traspasar su título de Adelantado a Isabel, y para impedirlo, quiso provocar un alzamiento general de los nativos, asumiendo el poder a causa de su grado militar. Para asegurarse la rebelión hizo asesinar a puñaladas al cacique Malope, amigo de los españoles. El previsto levantamiento general se produjo y la sangre corrió a raudales: cientos de aborígenes y muchos españoles: Campo Manrique, Tomás Ampuero y otros. Su plan de dejar Graciosa e ir a otra isla estuvo a punto de salirle bien. Pero Mendaña enfermó de gravedad, y no pudo ser movido. La situación se descontroló porque el Adelantado empeoraba día a día. Su lecho empezó a ser rodeado de aspirantes al título. Dolido, legó por escrito el poder a su mujer, quien sería la única Adelantada del mar-océano de la historia, designando capitán general a su cuñado Lorenzo, hermano de su esposa, que ya era gobernadora. El daño estaba hecho. El famoso refrán “el que siembra vientos cosechará tempestades” (Oseas 8:7) es ineludible. Y aparecieron no solo las tempestades de la naturaleza, porque también hubo conatos, traiciones, emboscadas y ejecuciones sumarias.
El 18 de octubre de 1595 murió Álvaro Mendaña. Pero la herencia recibida por la pobre mujer era simplemente el de una expedición agonizante. “Las fiebres diezmaban a colonos y soldados; huían de tierra buscando refugio en las naves, y cuando el hambre los hacía desembarcar, eran recibidos a flechazos por los indignados aborígenes… y cada día morían tres o cuatro hombres. Una nave se alejó del lugar. La situación se deterioraba diariamente. Tanto Manrique como Lorenzo murieron a flechazos. Se cree que la energía de Isabel se impuso y pese a que todos estaban abrumados y hambrientos, ordenó partir hacia Manila.
Alguna vez se dijo que tras el desastre militar de Waterloo y los ataques mortales del Gral. Invierno, solo Napoleón era capaz de animar los espectros de la campaña rusa de 1812 y llevarlos a suelo francés. Es fácil hacerse obedecer cuando se tiene poder y se ejerce. Lo difícil es imponerse cuando el poder ya no existe, y el líder es la única esperanza. La nave Isabel se deshacía a pedazos y la Almiranta se fortalecía. Escuálidas mujeres cuyos hijos succionaban en vano sus pechos resecos gemían con sus madres por agua y pan. Hombres desfallecientes vieron ir a pique dos naves. Esos espectros no cruzaban las blancas estepas rusas sino las indomables olas del Pacífico. ¿Repararían en que todos sus males se iniciaron con la ambición de un par de locos por un título que no valía tanto? Obviamente no conocían a Martín Fierro: “el primer cuidao del hombre es defender el pellejo”. Quienes creyeron que matar nativos y provocar su reacción les beneficiaría, imitaron las lágrimas de los cocodrilos; los enconados enemigos de Isabel, a la que combatieron con saña, le obedecían a pie juntillas. Quien creyó que todo lo que brilla es oro, quizá comprendió que los oropeles no valen tanto. Y eso vale para la mismísima Isabel Barreto, seguramente se arrepintió de su actitud un día en que para probar que solo mandaba ella, lavó con agua algunas lujosas ropas suyas mientras otros sufrían sed. ¡Qué lástima que muchos líderes que mueven fichas en el damero mundial no sepan historia!
El 11 de febrero de 1596 la Isabel llegó a Cavite. Estaban en Manila, la ciudad que ya llevaba más de medio siglo integrando aquel imperio, según Carlos V; pero donde se acercaba, lenta pero inexorablemente, aunque Felipe III no se diese cuenta, la puesta del sol. ¡Cuánta razón tenía Aldous Huxley! “¡La más importante lección de la historia es que es imposible aprender las lecciones de la historia! Aún hoy hay quienes por una razón u otra creen que tener derecho a satisfacer antojos aunque el mundo se hunda… cosa que irremediablemente logran.
En 1597 Isabel Barreto se casó con un cuñado del virrey del Perú, don Fernando de Castro. Su “best man” fue nuestro conocido Pedro Fernández de Quirós, el hombre que el 14 de mayo de 1606 puso nombre al país donde vivimos, “Australia del Espíritu Santo”. “It was Quirós who named Australia… the Christopher Colombus of the Pacific… [he lies] in an unmarked grave…” in Panama. (Al Grassby, The Spanish in Australia, AE Press, Melbourne, 1983, p. 97) Fue más que Adelantado. Hoy Australia se llama así porque lo decidió quien fuera enconado enemigo de Isabel Barreto y luego fiel brazo ejecutor.
Isabel falleció en 1610. Cuatro años a contar desde el día que este hermoso país comenzó a llamarse Australia. Decía hace más de 3.000 años Salomón que “ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre… y en días venideros todo será olvidado”. (Eclesiastés 2: 16) Al fin y al cabo, no hay mejor recuerdo del Adelantado y de la Adelantada. Del orangután… y la orangutana. Aunque en Canberra, una calle se llama Pedro Fernández Quirós. Los antiguos romanos decían “sic transit gloria mundi”, o sea, “así pasa la gloria del mundo”. Se disipa como el humo.

Historia

Antonio Coll y Pi y su genial interpretación de la historia de Chile

Siendo abstracto, el mensaje oral requiere más elaboración mental que la imagen, que llega al alma por los ojos, sin palabras. Lo viví ante el poético bronce con que Antonio Coll y Pi aunó el perfil del alma española con la efigie del poeta Alonso de Ercilla y el perfil del alma mapuche en su musa: perfiles complementarios. En ese rincón del Parque O’Higgins la chilenidad se ve con los ojos aún sin conocer historia. A Chile llegaron inmigrantes italianos, alemanes y eslavos, pero la matriz nacional surgió de la fusión indo-española. Dijo Catalina Carrasco Bustamante: “Yo te amo, Raza mía, noble como ninguna. / Cada doce de octubre, tiembla mi corazón/ y siento que mi sangre, plena de sol y luna, / América y España se abrazan con ardor”. 
Catalina tenía 7 años cuando Chile celebró su 1er Centenario patrio. Pertenecía a la estirpe hispana de Santiago. Al escultor Antonio Coll y Pi le pidieron expresar en bronce el sentir de los españoles residentes, que sin dejar de serlo, querían honrar la patria adoptada. No era fácil. Chile se había independizado justamente de España, y combatió contra ella en 1865 en defensa de la soberanía del Perú, socavada por una flota inamistosa. Su gesto fraterno le costó el bombardeo de Valparaíso. A la inauguración de la estatua, en septiembre de 1910, habría testigos. No la tenía fácil el escultor… pero más lacónico que un espartano, Antonio tuvo la precisión del láser sin mover los labios...
Identifica el ángulo idóneo para ver el pasado, y lo comparte con quien tiene ojos para ver. El conquistador Ercilla es literalmente conquistado: “Chile, fértil provincia y señalada/ en la región Antártica famosa, / de remotas regiones respetada/ por fuerte, principal y poderosa…” No pondera la nación conquistadora, sino la conquistada. Su cabeza no es coronada de laurel como Virgilio, Dante o Herrera. La musa, que no es europea sino araucana, corona a Ercilla con hojas de canelo, árbol que crece en el país “que produce gente tan granada, / tan soberbia, gallarda y belicosa/ que no ha sido por rey jamás regida, / ni a extranjero dominio sometida”. Si aceptamos la definición de amor del filósofo español Ferrater Mora, ‘la identificación entre un tú y un yo’, se aúnan la estirpe del Cid y la de Colo Colo, al menos, en almas como la de Catalina: “Yo te amo, Raza mía, noble como ninguna. / Cada doce de octubre, tiembla mi corazón/ y siento que mi sangre, plena de sol y luna, / América y España se abrazan con ardor”.
Ercilla introduce eventos extraños a La Araucana: ¿qué rol juega la batalla de Lepanto? Antonio Coll y Pi no va al Olimpo ni al Parnaso, y elimina lo superfluo. Para el centésimo cumpleaños de Chile se limitó a buscar la esencia del ser nacional; el ser colectivo que quiere saber quién soy, de dónde vengo, y hacia dónde voy. El artista supo, como Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, captar el instante en que se tocan el dedo del Eterno y el de Adán: el ‘big bang’ de la chilenidad: el instante en que nace el fruto que describe Catalina y revela su ADN. Recordar a San Martín y su “serás lo que debas ser, y si no, no serás nada”. ADN que no podrá borrar quien despotrique contra Ercilla o contra su musa. Quien asistió a la inauguración al monumento, en 1910, se sintió, como Catalina, parte de esa historia… y también lo sintió quien en el bicentenario sintió la historia en su ser, y se vio en el bronce del maestro.  
Colo Colo en su contexto histórico
Entre los líderes nativos mencionados por Ercilla, el más notable es Colo Colo, máxime escribiendo en Australia. El poeta habla de su edad, lucidez y patriotismo, poniendo en su boca consejos con ecos homéricos. El rol dado a Colo Colo en el alba del Chile independiente tiene contorno patriótico. Cuando en 1830 el gobierno incorpora el bergantín-goleta Flora a su marina de guerra, lo rebautiza Colo Colo. Hoy no ocurriría por asociarse el nombre al equipo más popular del fútbol chileno. Creo que el éxito deportivo le costó al bravo cacique ser desterrado de la historia, habiendo sido usado su nombre alguna vez para desterrar un prócer… 
Avatares políticos motivaron inicialmente la condena a muerte de un libertador chileno, el Gral. Ramón Freire. Luego se conmutó su pena por destierro, en Australia. The Sydney Herald informó la llegada del Colo Colo a Sydney, el 3 de julio de 1837. La nave, descripta en el diario aussie como bergantín de guerra de 9 cañones tripulada por 33 hombres, hizo flamear por 1ª vez la bandera de la estrella solitaria en su popa en Australia. El Herald dijo que la nave debió lidiar con mares bravíos durante la travesía de 112 días uniendo Valparaíso y Sydney. Traía a bordo al Gral. Ramón Freire y fieles camaradas de armas, que le acompañaron durante su exilio. El gobierno le trató virtualmente con honores de Jefe de Estado y la prensa se ocupó repetidamente de él.
A un hombre culto como Freire no se le escapó que cerca de Sydney un río tenía el nombre de su nave: Colo River. Conocido desde 1789, hubo reparto gratis de tierras en las riberas del Colo desde el 30 de noviembre de 1833 y venta de lotes desde el 5 de abril de 1834, informaba The Sydney Gazette. Freire pudo saber que los productos de la región del río Colo llegaban en barcos a la bahía de Sydney. Quizá lo creyó casualidad. En lengua mapudungun, que hablaba Colo Colo, su nombre significa ‘gato montés’. Ergo, un nombre asociado a la zoología local. Y en lengua Dharug, en Australia, “the Aboriginal word Colo itself appears to be a reference to, or a synonym for, the Koala” (Alan E. J. Andrews, Draftsman D’Arcy’s Colo River Surveys. Journal of the Royal Australian Historical Society. Sydney, vol. LXV, Part III, p. 173, 1979) Un nombre asociado a la zoología local… Pero hay vínculos no visibles a simple vista.
Durante un fugaz viaje a Santiago fui al Museo de Arte Precolombino para intercambiar ideas sobre el cruce antártico de nativos a Sudamérica, partiendo de Australia, hace unos 6.000 años. No había peritos disponibles, y el librero se atuvo a la visión clásica: los pueblos precolombinos llegaron a América desde Asia, por el estrecho de Bering, y entre sus representantes están los yaganes en los canales del extremo sur de Chile…” (Francisco Frías Valenzuela, Historia de Chile. Nascimento, Santiago, 1959, t. I, p. 9) Es la teoría del Alex Hrdlicka, sacralizada: todos los pueblos pre-colombinos llegaron de Asia, y “recorrieron 10.000 millas de Alaska a la Patagonia…” (Thomas Y. Canby, The search for the 1st Americans. National Geographic, Vol. 106, sept. 1979, p. 332) Pero hubo pruebas de un previo poblamiento por aborígenes aussies: “hay inusuales afinidades entre cráneos fueguinos y australianos, y paralelismos en patrones sanguíneos que incluyeron pruebas serológicas que indujeron al antropólogo austríaco Viktor Lebzelter a que hubo un estrato anterior en el extremo sur de Sudamérica detenido en el extremo austral del continente”. (Arthur Neville Burkitt y N. W. G. Macintosh, Aborigines. Australian Encyclopaedia, Sydney, t. I, p. 9, 1962) Se hallaron influencias en arte, rituales y hasta la lengua. “Se ha comprobado la existencia de concordancias estructurales… y similitudes de léxico… entre la lengua chon y lenguas aborígenes australianas… implicando un desplazamiento, quizá, de población de Oceanía a América”. (Henry Lehmann, Las culturas precolombinas. Eudeba, Bs As, 1960, p. 11)
Los discípulos de Hrdlicka se burlaron de estudiosos como Paul Rivet por decir ante la evidencia acumulada que australianos y melanesios cruzaron el océano y llegaron a Sudamérica. O de Mendes Correa que creía en el cruce por la Antártida. Se los tildó de creadores de “fantasías, caras a los aficionados”. (Luis Pericot García, el origen del hombre americano… En: América Indígena. Instituto Español de Antropología Aplicada, Madrid, 1968, p. 53) El yanqui Tom Dillehay probó que en Monte Verde, cerca de Pto Montt hay restos humanos cronológicamente más antiguos que los llegados por Bering. En EEUU se admitió: “En 1997 un rutilante grupo de arqueólogos visitó un área llamada Monte Verde, en Chile, admitiendo que allí vivió gente unos mil años antes que las evidencias más antiguas en Norteamérica”. (Michael Parfit, Hunt for the 1st Americans. National Geographic, Vol. 198, diciembre 2.000, p. 48) Pruebas hay que permiten afirmar que los nombres Yagan y Colo Colo no fueron lo que el viento llevó de Australia al sur de Argentina y Chile. El escritor argentino Roberto J. Payró lo insinuó en el siglo XIX, y su teoría se oyó entre risitas.   
Frías Valenzuela cita un pueblo austral de Chile. ¿Advirtió que ese pueblo lleva el nombre de un héroe nativo que buscó impedir la conquista inglesa de Australia? Tan bravo era Yagan que se ofreció un premio de 30 libras por su cabeza, vivo o muerto. Para cobrarlo, se le cortó la cabeza, y se la envió a Londres. Yagan ingresó al folklore como símbolo de resistencia nativa ante el invasor europeo, un Colo Colo aussie. En Perth, escenario de su lucha, un club lleva su nombre… como Colo Colo. En 1997 se encontró la cabeza en Londres, se la trajo a Perth y se la enterró en 2010 con pompas fúnebres, horas presenciadas por descendientes de su pueblo. Es obvio que se pueden trazar paralelos entre dos líderes nativos hermanados en evitar la conquista de su tierra.
Quizás Antonio Coll y Pi no sabía que la musa de Alonso de Ercilla, la de las hojas de canelo, tenía genes aussies. No se ve, pero de atrás pica el indio. Perdón por la reflexión, casi una humorada. ¿Tiene razón Rabindranatah Tagore al decir que la única historia verdadera es la universal, ya que las historias nacionales no encajan? Aunque tengo presente a mi compatriota Juan Agustín García, que decía que “alcanzar la verdad histórica es un feliz accidente”. Pero buscar la verdad vale la pena: nos hace libres.

historia

Un poeta mexicano irrepetible: Netzahualcoyotl (1402 – 1472)

Resumo líneas de la fina intelectual española Emilia Serrano García, que firmó con su título nobiliario una obra: “Al glorioso centenario de la independencia mexicana. Dedica este libro como ofrenda de sincera admiración”. Dice: “Muy ensalzado es Netzahualcoyotl, poeta-rey de Texcoco, hombre de ideas avanzadas para su siglo, refractario a los sacrificios humanos y a bárbaras costumbres arraigadas en su cultura. El rey impresiona como un monarca oriental, en la soberbia grandeza de sus palacios, dictando leyes tan justas que lo convirtieron en un soberano muy amado. Era caritativo con sus vasallos. Noble de carácter, se manejó con espíritu recto y justiciero, lo que cimentó su fama y que generó gratitud”. (Baronesa de Wilson, México y sus gobernantes. Maucci, Barcelona, 1910, t. I, p. 11)
Choca que tal civilización tuviese una religión inicua. En un solo día se asesinó a 20.000 indios en crueles rituales. El alemán Kurt Wilhelm Marek narra con seudónimo líneas sensibles, que merecen conocerse: “Vieron la losa de jaspe donde sacrificaban las víctimas con cuchillo de obsidiana, frente a la imagen del dios Huitzilopochtli, de terrible aspecto… Una gran serpiente cubierta de perlas rodeaba el cuerpo del dios. El cronista Bernal Díaz apartó la vista, atemorizado, y vio algo más terrible aún: las paredes laterales estaban cubiertas de sangre humana coagulada. El mal olor, dice, era más penetrante que el de los mataderos de Castilla”. (C. M. Ceram, Dioses, tumbas y sabios. Destino, Barcelona, 1972, p. 303) En el zoológico exhibían tullidos, deformes y enfermos, en tiempos de Moctezuma II…
No deseo cargar tintas. Es algo que deprime tanto como el circo romano, las salvajadas de Stalin matando de hambre a por lo menos 7.000.000 de ucranianos, la orgía de sangre a que vemos impávidos en el siglo XXI, o la abyecta era de la vieja Asiria. Hoy focalizamos el mundo azteca, reemplazada por otra sangría a partir de Hernán Cortés. Dice el maestro inglés Robin George Collingwood que historia es el modo civilizado con que la humanidad se cuenta, a sí misma, de sus actos.
Encontrar en ese escenario una personalidad como Netzahualcoyotl, es hallar una aguja en un pajar. Nació el 28 de abril de 1402 y falleció en 1472. Murió exactamente 20 años antes que Cristóbal Colón descubriese América; 45 años antes que el español Francisco Hernández de Córdoba descubriese México (1517), y 49 años antes que Hernán Cortés cerrara el ciclo del Imperio Azteca, tomando Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521. No tenemos espacio para ver un panorama político, ni siquiera nos alcanza para saborear cabalmente el néctar de su poesía. Iniciemos nuestro contacto con “Solo un instante”, una gota de un encarnado pétalo de rosa.
Sólo un instante…
“Yo, Netzahualcoyotl lo pregunto/ ¿Acaso de veras se vive con raíz en esta tierra?/ No siempre en la tierra: / Solo un poco aquí, / Aunque sea de jade, se quiebra/ aunque sea de oro, se rompe, / aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. / No para siempre en la tierra/ solo un poco aquí”.
“¿A dónde iremos?/ Donde la muerte no exista. / Más, ¿por esto viviré para siempre?/ Que tu corazón se enderece/ Aquí nadie vivirá para siempre”.
“Aún los príncipes a morir vinieron. / Los bultos funerarios se queman. / Que tu corazón se enderece: / Aquí nadie vivirá para siempre”.
No hay el menor influjo de pensamiento cristiano en Netzahualcoyotl. En el sanguinario ambiente del mundo azteca, la presencia de un pensador con tal grado de vida espiritual es una maravilla. Pero si comentamos y explicamos, nos quedaremos sin espacio. Veamos otra gema poética.
Sólo allá…
“Sólo allá en el interior del cielo/ tú inventas la palabra, / dador de vida/ ¿Qué determinarás?/ ¿Tendrás fastidio aquí?/ ¿Ocultarás tu fama y tu gloria en la tierra?/ ¿Qué determinarás?”
“Nadie puede ser amigo, / del dador de vida/ Amigos, águilas, tigres…”
“Mal hacemos las cosas, oh amigo/ Pero por ello no te aflijas, / eso nos enferma, nos causa la muerte/ esforzaos, todos tendremos que ir/ a la región del misterio”.
Si Ud. gusta de la poesía de este poeta, tiene muchas en la red. Las hay en su lengua original, el náhuatl, pudiendo las traducciones pueden diferir en detalles porque no es fácil traducir poesía. Si desea viajar al mundo precolombino y conocer la atmósfera que se vivía, tienen abundante material. Netzahualcoyotl no es el único poeta. De allí el consejo de José Martí, y su consejo: “La historia de América, de los incas hacia acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria”.
“Una característica de la poesía náhuatl, como toda civilización en su inicio, era acompañar el recitado con canto, danza y sobre todo mímica. La poesía se complementaba con coreografía, como ocurría con griegos y romanos. Muchos bailes folklóricos mexicanos tienen su germen en danzas náhuatl modificadas”. (Luis Alberto Sánchez, Historia comparadas de las literaturas americanas. Losada, Bs As, 1973, t. I, p. 34
Estoy triste…
La poesía que transcribimos revela el conocimiento histórico de los náhuatl. El autor, siempre Netzahualcoyotl, hace referencia a varias figuras en el texto, que son parte de la cultura mexicana precolombina. Esto desautoriza a Vaillant cuando afirma que los pueblos pre-colombinos tenían pasado, pero no tenían historia. Se refiere al hecho de que no sabían escribir. Es la arrogancia típica de las últimas generaciones… que miran por encima del hombro a las anteriores. Tezozomoctzin [o Tezózomoc en otros textos] fue un gobernante tepaneca que vivió entre 1342 y 1426. Este rey tuvo por algún tiempo a Netzahualcoyotl en sus brazos, y dejó hermosos poemas. Le dice Netzahualcoyotl:
“Estoy triste, me aflijo/ yo, el señor Netzahualcoyotl/ con flores y con cantos/ recuerdo a los príncipes, / a los que fueron, / a Tezozomoctín, a Quaquauhzin”.
“En verdad viven/ allá en donde en algún modo se existe, / ¡Ojalá pudiera yo seguir a los príncipes, / llevarles nuestras flores!/ ¡Si pudiera yo hacer míos/ los hermosos cantos de Tezozomoctín!/ Jamás perecerá tu nombre, / ¡Oh mi señor tú, Tezozomoctín!”
“Así, echando de menos tus cantos, / me he venido a afligir, / sólo he venido a quedar triste, / yo mismo a mí mismo me desgarro”.
“Estoy triste, me aflijo/ Ya no estás aquí, ya no. / Estás en la región donde de algún modo se existe, / me dejaste sin provisión en la tierra/ y por esto, a mí mismo me desgarro”.
No es asombroso que Netzahualcoyotl crea en un mundo de ultratumba. Los hombres primitivos sepultaron los muertos con cuidado, rociados con color rojo (para restituir vitalidad a la sangre porque la idea de que la vida de cada ser está en su sangre, era muy extendida. Es interesante saber que se le colocaba un ajuar para la vida en el más allá.
Muchos siglos antes de Netzahualcoyotl, y aún antes de Cristo, los indios mexicanos iniciaron su evolución cultural. Impacta encontrar una gran cantidad de mujeres desnudas elaboradas con cerámica, que llamamos genéricamente con la Venus de Tlatilco. Suelen estar elegantemente peinadas, con cintura estrecha, anchas caderas, muslos prominentes y rasgos faciales estilizados. Las esculturas se descubrieron a partir de 1942, siendo Miguel Covarrubias quien dio primero con ellas. Están vinculadas a ritos de fertilidad y suelen estar pintadas de rojo, como que se hubiera querido dar vitalidad a través de la sangre. Hay algunas de tal frescura y belleza, que revelan capacidad artística. La historia no comienza obviamente con Colón, sino con la presencia humana más antigua…
Dejamos a Netzahualcoyotl con una cuarteta: “Por fin lo comprende mi corazón, / escucho un canto/ contemplo una flor: / ¡Ojalá no se marchite!” Uno se pregunta: ¿Cuál es el motivo por el que Hispanoamérica no se ocupa de su propia historia? Alguno le echará la culpa al imperio.
Y no nos queda espacio para más. Nos encontramos en siete días, para ocuparnos de un indio que todavía entusiasma: Colo Colo.

pedro zimmatore

Hombres como Albert Schweitzer debieran ser un candil para nuestra juventud

Para Platón, Sócrates era el más sabio y justo de todos los hombres. Lo condenaron a muerte por corromper la juventud. Cursando 1er año pedimos a la profesora de historia más detalles. Dijo que nos faltaba madurez para captar el asunto, y que si hoy hubiese pena de muerte por corromper la juventud la lista de condenados sería larga. Quizá. Pero hay gente buena. La prensa no divulga su labor porque ‘no vende’ y el negocio importa más que elevar las miras de los pueblos. Informar significa “dar forma”, y el beneficiario usualmente no es el bien común. Los Albert Schweitzer son condenados al olvido porque su ejemplo condena la hipocresía, y eso atenta contra quien quiere luchar por una sociedad mejor. Albert no es un hombre que merezca perderse en el olvido
Tras dos años en el poder, Hitler, el maniático austríaco que quiso ser más alemán que un alemán, quiso modelar el ‘espíritu nacional’. Decía ‘nuestra estirpe’, ‘nuestra historia’, ‘nuestra filosofía’, y el extranjero obligaba a los nativos a mirar con sus ojos. El loco se creía Alemania… por lo que disentir con él era, obviamente, traición a la patria. En setiembre de 1935 salieron las leyes raciales. Días después un libro alemán condenaba la supremacía racial. El autor era un filántropo con habilidad de decir sin herir. Resumo una arista de Schweitzer: el pensamiento europeo y el indio deben cooperar para crear “una filosofía más profunda y viva que la nuestra, con más vigor espiritual y ética. En esta siniestra hora de la historia humana, hay que estar alerta en Occidente y en Oriente… y ganar el corazón de gente que mueva pueblos a crearla. Para eso se debe luchar”. (El Pensamiento de la India. FCE, México, 1935, p. 11) Al final del libro encuentro dos frases deliciosas: “La verdadera ética es universal”, y, “lo que llamamos amor es en esencia culto a la vida”. (Schweitzer, obra citada, p. 227)
Los beneficios de nacer en el seno de una buena familia
Cuando nació Albert estaba en boga la frase “unos nacen con estrella y otros, estrellados”. Significa quien nace en el seno de familia acomodada, lo tiene todo más fácil. Y es indiscutible todavía hoy, y lo será. Al nacer, en 1875, siete miembros de su familia tenían título universitario, dos eran artistas consagrados de órgano, y era la 3ª generación de teólogos; económicamente estaban muy bien. Daba conciertos y escribió piezas para órgano siendo adolescente. Para mejorar el sonido aprendió a construir el instrumento y escribió una biografía de Bach. Se doctoró en filosofía en 1899, en teología en 1900. Cualquier alsaciano lo habría imaginado feliz, gozando su posición social, encerrado en su torre de marfil y dedicado a ver crecer el pasto. Siendo un organista prestigioso y un gran predicador hizo un viaje turístico, y conocer Gabón, cambió radicalmente su vida: no era la cara oculta de la luna, era un ambiente horrible, difícil de imaginar en Alemania.
La temperatura diurna en Gabón supera los 40º, con noches húmedas y mosquitos que parecían grandes como aviones… Las lluvias torrenciales producían espantosas inundaciones, campo de cultivo de mosquitos transmisores de varias enfermedades mortales. El peor flagelo era el hambre. Y las enfermedades tropicales eran tantas que asombra que alguno pudiese sobrevivir: lepra, disentería, elefantiasis (conformación de las piernas al formato de los elefantes, en especial mujeres), fiebre amarilla, etc. Las alimañas eran plagas peligrosas: serpientes, ofidios, arácnidos, felinos… Los gaboneses nacían estrellados, destinados a una vida de privaciones y dolor. Para peor, Schweitzer vio que no había suficientes médicos, faltaban tratamientos y medicamentos para combatir plagas contra las que no había cura; y morbosas cantidades de mosquitos, moscas y parásitos diezmaban poblaciones enteras.
A esa altura Albert ya no era un turista millonario. Supo que había pocos médicos en África porque quedaba lejos de Francia, curar era peligroso a causa de los contagios, y la remuneración era nula había que pagarse el viaje y los pacientes eran pobres. El gobierno mandaba alguno, pero fuera de la capital no había ninguno. En Gabón no había universidades, y la farmacopea era precaria porque las grandes empresas no suelen hacer inversiones virtualmente irrecuperables. La autoridad civil se excusó por no llevar a cabo trabajos de drenaje, canalización y limpieza porque los costos no son cubiertos por el impuesto. Albert, teólogo, buscó respuestas en la Biblia, y leyó “me seréis testigos… hasta lo último de la tierra” (Hechos 1: 8) La idea de trabajar en Gabón empezó a ganarle. Otro versículo le decía qué debía hacer: “sanad enfermos, limpiad leprosos…” (Mateo 10: 8) Pero un concertista de órgano, filólogo y filósofo estaba impreparado. Resolvió volver a Alemania para estudiar medicina y bioquímica, porque esa gente era lo que Franz Fanon llamaba “Los condenados de la tierra”. Y cuando vemos millones de africanos rumbo a Europa no van para visitar sus museos… Albert volvería, pero capacitado para hacer cierto lo que desde entonces fue su lema: “quien no vive para servir, no sirve para vivir”. 
Se doctoró en Medicina e hizo cursos de Bioquímica, regresando en 1913 a Gabón. Con dinero de su bolsillo erigió un hospital, que al principio era poco más que un gallinero (según sus propias palabras) y trabajando gratis. Paralelamente empezó a construir un hospital decente, sin contribución estatal…Y como para muchas aldeas el hospital quedaba lejos, recorría el país con un ambulatorio. Le acompañaba una enfermera, que tampoco cobraba, Helena, su esposa. Empezaba a ser conocido cuando empezó la 1ª Guerra Mundial. Algún idiota lo denunció como potencial espía alemán, y la autoridad francesa le puso en prisión. El precario sistema de salud dejó de funcionar, la maleza llegó al hospital, y los gaboneses descubrieron que el enemigo era su amigo… y el patriotismo le condenaba a muerte. ¿Pudo nuestra absurda realidad inspirar a Astor Piazzola al componer su exquisita “Balada para un loco”?
Estando preso escribió su célebre ‘Filosofía de la cultura’, donde abogó por hacer una alianza que derrotase la enfermedad, la ignorancia, el racismo, el nacionalismo y la desigualdad social. Allí define ‘hombre civilizado’ como persona que ama la vida, y lo demuestra enalteciendo y ayudando al prójimo. Acabada la guerra dio una gira como concertista para juntar dinero, publicó varios libros, y volvió a Gabón. El hospital que había establecido estaba en ruinas, pero lo reconstruyó. Y se quedó a trabajar allí. Vivió en ese hospital, llamado Lambarené, de 1924 hasta el día de su muerte, el 4 de setiembre de 1965. Fueron 41 años en los que un hombre rico, culto, blanco, noble, vivió entre gente que realmente amó. Un hombre que ‘dilapidaba’ su patrimonio regalando mosquiteros para cuna, aljibes, desinfecciones aéreas, medicamentos…
Albert Schweitzer murió por el agravamiento de sus problemas circulatorios, a causa de su avanzada edad. Se lo enterró junto a los restos de su noble esposa, fallecida en 1957. Sobre ellos hay una cruz, tallada personalmente por Albert. Trabajadores del hospital, pacientes y un ejército de tullidos, exleprosos y amigos lloraron al médico amado, que había adoptado la nacionalidad francesa… porque aún Gabón era una colonia. Alguien leyó un saludo escrito de puño y letra por el Premio Nobel mientras bajaban sus restos mortales: “Lambarené es mi casa. Es el lugar donde elegí morir. Pertenezco a esta tierra y ustedes son mi pueblo, hasta mi último aliento”.
Pero no tuvo un aplauso universal. Hay quien le ataca por no permitir que en Lambarené se pudiera hacer algo sin contar con su visto bueno. Recibió muchos premios, algunos ricamente dotados, como el Goethe, el Nobel de la Paz, de la Academia Francesa, y otros. Usó el dinero para fundar un leprosorio, una escuela, una iglesia luterana. Algunas de sus frases muestran vericuetos no muy visibles de su corazón: “El dolor humano duele más que la muerte”; “Los años arrugan la piel, la falta de entusiasmo arruga el alma”; “Amar va más allá de explorar una piel, empieza por aceptar su pasado, mimetizarse en su presente y motivar su futuro para que pueda alcanzar sus objetivos”. A veces era duro: para Albert el capítulo 15 de Lucas puede representar la Europa opulenta y Lázaro, con sus heridas abiertas, ser una ilustración de los enfermos y desvalidos del continente africano. Creo que el lector es inteligente y puede imaginar el comentario de Albert Schweitzer ante la noticia de que el 1% de la población humana tiene hoy una riqueza equivalente a la del 50% más pobre del trajinado mundo que vivimos. Obviamente, hay quienes quisieran que nos olvidemos de él. No lo creo justo. Los Albert Schwitzer no son bandera de la derecha ni de la izquierda. Me imagino que es bandera de quienes se emocionan al leer: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber: fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me cubristeis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a mí…” (Mateo 25: 35)  
Cuando vemos los odios encendidos, voces destempladas, miradas que parecen garfios y torpes conductas Albert Schweitzer es bandera de millones, que tienen hambre y sed de justicia.

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ARISTAS INTELECTUALES Y ARTÍSTICAS DEL ALMA GUARANÍ

Una civilización no florece sin el cabal desarrollo previo de su lengua, porque el habla es vital para la comunicación inteligente. La 1ª función de la lengua es permitir la comunicación; y lograda, activa la interacción mental y amplía la capacidad intelectual de los hablantes. José Manuel Peramás, expulsado del Paraguay en 1767 al suprimir Carlos 3º la orden jesuita, lloró con amargura su “paraíso perdido”. El español se doctoró en Córdoba, y escribió perlas literarias. Decía que quien desconoce el grado de civilización material del guaraní, pero tiene capacidad para calibrar su habla, creería estar ante una civilización como la de Grecia o Roma, ya que su lengua supera en gracia, riqueza y artificio al griego y al latín. Lo dice en un libro cuyo título, dice mucho: “La República de Platón y los guaraníes”.
Resumo a un noble paraguayo: “La lengua guaraní, aglutinante, tiene origen onomatopéyico, precisión matemática y vuelo poético. Es un instrumento de precisión que ayuda a un ser pensante a razonar con un riguroso orden lógico. La lengua, precisa y clara, no admite la divagación indecisa y brumosa. Cada palabra es una metáfora concentrada… El guaraní cultivó con esmero su lengua y la convirtió en rica, flexible, dulce, precisa y transparente para  argumentar. Creó fábulas morales con gran sentido de la ironía y contenido humano muy profundo, en los que actúan y hablan animales, plantas, piedras y hombres, logrando joyas literarias: inyecta realismo a la fantasía y fantasía al realismo”. (Natalicio González, Proceso y formación de la cultura paraguaya. Guarania, Asunción, 1948, p. 46)
Es una pena que el conquistador español haya llegado justo cuando se creaba el sistema de símbolos jeroglíficos para escribir Y la conocían muy pocos. Hay restos jeroglíficos en cerro Yariguá-a, camino de Paraguarí a Misiones y en Cordilleras, cerca de Caacupé. No puede decirse que la llegada del español dañó la cultura local: hubo una integración humana de tal envergadura en Paraguay como en ningún otro lugar de América. El español no sólo aprendió la lengua guaraní, sino que tras la dominó, la hizo suya y tras adaptar el alfabeto latino, agregó símbolos para expresar sonidos propios del idioma guaraní. Creó la gramática guaraní, tal como Nebrija creó la gramática española poco antes del 1er viaje de Colón. Fue justamente Elio Antonio de Nebrija quien dijo a Isabel de Castilla: “la gramática siempre fue compañera del Imperio…”. Los indios, iletrados al llegar los españoles, aprendieron a escribir como en ningún otro lugar del Nuevo Mundo, y munidos de una gramática tan precisa como su lengua, los guaraníes empezaron a producir poetas, escritores, dramaturgos e historiadores... Ni hablar de las artes plásticas, porque visitar las misiones jesuitas es recorrer una Pompeya al aire libre, sin la capa de lava que oculta sus maravillas, aunque debe luchar con una lujuriante selva que deteriora. Ver sus museos es viajar por el túnel del tiempo… a la época dorada del Paraguay.
La literatura oral guaraní se conserva. No se perdió. En vez de sufrir el obvio destino de la literatura oral de América, África, o Australia, desdibujándose en el tiempo hasta no quedar ni el recuerdo, un milagro las salvó en Paraguay. Hace más de un siglo, la Revista de Etnología de Berlín publicó un valioso material inédito, documental... Resulta que el antropólogo alemán Kurt Unkel recorrió a pie tolderías tan aisladas del país guaraní que albergaban algo más que muestras de la cultura que un día dominó todo el corazón de América. Unkel aprendió a hablar el guaraní en Asunción, ciudad aún sangraba por las heridas abiertas por la Guerra de la Triple Alianza. Como la lengua guaraní original estaba viva, recogió páginas literarias en áreas donde en las que el viento aún no había borrado huellas. Hoy sería imposible: la radio a transistores primero e internet después mataron más tesoros antropológicos de pueblos originarios que las huestes conquistadoras europeas en el mundo, rusas en las áreas siberianas, árabes en el África y chinas en tierras que un día arrasaron Atila, Gengis Khan y Tamarlán. ¡Cuánta razón tenía Thomas Hobbes al decir que el hombre es el lobo del hombre! Kurt Unkel publicó sus preciosos hallazgos en la Revista de Etnología de Berlín, en 1914. Fue poco antes que estallara la gran guerra…
Toda la riqueza literaria recogida por Kurt Unkel en Paraguay, la escribió en Alemania, y en alemán… y aún en Paraguay solo podía leerla quien hablara la lengua de Goethe. Algunos paraguayos hijos de inmigrantes germanos que fundaron la fallida Nueva Germania en 1888 se enteraron. El mismo año en que nació la fallida Nueva Australia. Pero ni tudescos ni aussies dejaron totalmente el país, y cooperaron en su recuperación económica y resurgimiento cultural. La generación que siguió a la debacle produjo los Natalicio González, Efraín Cardozo, Augusto Roa Bastos, Rubén Bareiro Saguier… Este último, Saguier, recogió los trabajos de Unkel, y agregando páginas olvidadas de tiempos de la conquista y lo más granado del intelecto paraguayo, produjo libros de gran valor. El mejor, quizá, “Literatura Guaraní del Paraguay”, que publicó Servilibro en Asunción, en el 2004. Si desea leerlo está en la red, íntegro, con el sello de la Biblioteca Ayacucho, Caracas, Venezuela. Vale la pena dar un vistazo. Casualmente Rubén Bareiro Saguier murió en 2014, justo un siglo después que Kurt Unkel publicara sus trabajos en Berlín.   
Quizás es bueno a esta altura decir que Paraguay se pobló inicialmente con los pobladores del Buenos Aires fundado en 1536, que se trasladó a Asunción en 1541. Las españolas eran pocas. Al amancebarse con mujeres guaraníes, los mancebos de la tierra aprendieron a hablar exclusivamente la lengua de sus madres: el guaraní. Cuando Juan de Garay repobló Buenos Aires en 1580, la única lengua hablada por su gente era el guaraní, habla de los porteños hasta que en 1750 empezó a caer en desuso. Y en el Paraguay, gracias al sistema de escritura con alfabeto latino, la lengua no solo sobrevivió sino que el número de hablantes no cesó de crecer. En 1967 el dictador Alfredo Stroessner autorizó el uso del guaraní en la escuela. Y en 1992, la lengua pasó a ser oficial, justo al cumplirse el  5º centenario de la llegada de Colón, haciendo del Paraguay el 2º país bilingüe de América, después del Canadá. 
La Leyenda del Urutaú
La terrible guerra que devastó Paraguay entre 1865 y 1870, fue una simple masacre. Se calcula que al iniciarse el conflicto vivía en el país un millón y medio de personas. Sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres, niños e inválidos. “La desgracia paraguaya suscitó la compasión mundial. La parte más dura de la reconstrucción del país recayó en la mujer. Crearon un tipo de sociedad poligámica, restauración forzada de una vivida en el siglo XVI, que repuso las pérdidas demográficas. El poeta argentino Carlos Guido y Spano cantó en su Nenia: “Llora, llora, urutaú / en las ramas del yatay / ya no existe el Paraguay / donde nací como tú. / Llora, llora, urutaú”. (Efraín Cardozo, Breve historia del Paraguay, Buenos Aires, 1965, p. 109) Carlos Guido y Spano no eligió al urutaú por rimar en su sentida composición. El urutaú es un pájaro enraizado en la cultura guaraní, desde tiempos precolombinos.
Narrar al detalle la leyenda del urutaú ocupa más espacio que el disponible. Sin el talento de Natalicio González para podar con jerarquía, la ofrecemos como botón de muestra de la literatura guaraní. El cacique Cuimaé se enamoró de Ñeambuí, hija de un cacique vecino. Él le hacía regalos, pero ella no lo tomaba muy en serio. Su padre le pidió que se casara por temer una invasión enemiga, y deseaba la alianza de su pretendiente. Mientras Cuimaé quería exhibir su valor y destreza militar al que sería su futuro suegro, ella repudiaba la guerra por producir muertes. Lo cierto es que el enemigo se acercaba cada día un poco, por lo Cuimaé y su suegro decidieron una noche sorprenderlo con un ataque, y salieron a matar. Estando ellos lejos, Ñeambuí oyó un gemido, y salió a ver qué había detrás de su choza. Encontró un herido, con el atuendo del enemigo. Quizá se equivocó entrando al campamento ajeno, pero ella no vio un guerrero: vio un hombre que se desangraba. Lo vendó con esmero tras ponerle hierbas curativas y le dio de beber.
Al día siguiente volvieron Cuimaé y su padre, felices de haber aventado el peligro, pese a perder mucha gente. Como si se tratase de un trofeo de guerra, él le propuso inmediato casamiento, y montar una magnífica fiesta de bodas, pero Ñeambuí se alejó sin contestar. Mientras su padre y su pretendiente fueron al toldo a festejar, ella fue a ver al herido. Le vio muy débil, y procurando ponerlo a salvo, le ayudó a andar lentamente, y se fue con él. Cuimaé reparó que ella tardaba mucho, y salió a buscarle. No hallándola, siguió las huellas. Quedó intrigado al ver dos pares de pisadas. Los celos le invadieron cuando al mirar desde lejos, entre sombras, les creyó abrazados. No era una actitud amorosa: era una mujer solidaria que procuraba ayudar a un mal herido. Cuimaé acomodó una flecha en su arco, apuntó, estiró la cuerda y disparó. Pese a la obscuridad la flecha se clavó en el pecho del herido. El guerrero falleció en brazos de la mujer, dándole un beso con su alma mientras expiraba. Poco después, ella lo depositó lentamente en el suelo, dolida. Se quedó mirando, viendo sorprendida que ese cuerpo se empequeñecía y transformaba en un pájaro negro. Un pájaro que jamás abandonó la selva. Y todas las noches se desespera buscando a Ñeamebuí, y no hallándola, grita y llora de modo lastimero, produciendo terror en los que escuchan. Y no dejaba de gritar hasta la salida del sol. Es el urutaú.
Carlos Guido y Spano, como Juan Bautista Alberdi, José Hernández y tantos otros argentinos, sufrieron la tragedia del Paraguay y lloraron juntos, máxime cuando su presidente, Bartolomé Mitre, lideraba la coalición que integraban también Brasil y Uruguay. Sin consuelo, Carlos Guido Spano deshilachó sus versos: “Llora, llora, urutaú / en las ramas del yatay / ya no existe el Paraguay / donde nací como tú. / Llora, llora, urutaú…” Claro que el urutaú de Carlos Guido y Spano no buscaba a la bella Ñeamebí, sino al desangrado pueblo paraguayo.
A ese noble pueblo, desde este rincón de The Latin Australian Times, desde Sydney, todo nuestro afecto.