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Tango

Boxeo: Dos opiniones

En página web de “El Deportivo” contestando la pregunta: como haría para reivindicar el box, eliminando el calificativo de deporte “violento”, DOGOMAR MARTINEZ contestó: “Mire, la palabra violencia va unida a las palabras abuso y cobardía, implica una persona fuerte avasallando y humillando a otra más débil. El boxeo no implica violencia, el boxeo es un arte. El pugilato es una disciplina que la humanidad ha practicado desde siempre. El arte surge de que dos hombres midiendo sus capacidades en igualdad de condiciones, esta es la clave para entender que el box no es violencia”. El boxeador como el lo dijo, debe estar habilitado legalmente, debe tener su ficha médica habilitante, y cumplir una prueba de suficiencia antes de la pelea, y él, personalmente, calibra sus habilidades técnicas, condición física y desempeño general, y si hay dudas, médicos y otros profesionales son consultados, a efectos de “Salvaguardar la igualdad de condiciones”. Agregando que “una vez que la Comisión a través de mi persona da el visto bueno para el encuentro, habiendo evaluado a cada atleta, ellos se miden protegidos por un reglamento muy estricto. Allí los boxeadores exhiben su técnica capacidad, habilidad, preparación física, su coraje, valentía y auto control dentro de un marco de control de Comisión Nacional de Box Profesional. Suponiendo que uno de los dos adversarios prevalezca demasiado, el Juez por su propia autoridad y criterio detendrá la pelea, aún en contra de la voluntad de quien vaya perdiendo, la opinión del médico de detener el encuentro, por ejemplo, está por encima de toda autoridad y si esto fuera poco hay vee-dores de la Comisión, controlando de afuera todo esto. Con esto quiero expresarle que si bien la esencia del box es establecer superioridad-inferioridad, si esta se da antes de la finalización de los rounds, la pelea se detiene, hay toda una organización velando porque los reglamentos se cumplan. Violencia es otra cosa que escapa a todas estas reglas y controles. No es justo comparar al boxeo que es un arte “con agresiones de cobardes y delincuentes”. Es imposible no coincidir con estas afirmaciones. Incluso quienes han tenido una opi-nión adversa, la han cambiado posteriormente, como en el caso del Payador Evaristo Barrios, a quien hemos de referirnos. Porque cambiar de opinión es de hombres sabios y resistirse a los cambios de necios. La violencia, que debiera estar desterrada de las sociedades civilizadas, por el contrario se sigue extendiendo cada vez más, comenzando en la familia, y extendiéndose en la vida en sociedad, es decir en lo que vivimos cotidianamente, que ha llegado incluso a debates parlamentarios, como la de las “barras bravas” que comenzaron en el fútbol y se extienden a otros deportes, pero no al boxeo. No es sólo la de carácter delicuencial, sino también la política, social, económica, o cultural. Violencia es la acción u omisión, de una persona o varias personas, contra otra persona o grupo de personas, o de un Estado contra otro Estado, por la cual, en forma intencional, abusando de la fuerza, o mediante presión síquica, maltratos, torturas, se somete a otros con la voluntad de conseguir fines contra la voluntad de la víctima... Y esto no sucede en el boxeo, donde todo está minuciosamente reglamentado, donde no se enfrenta un fuerte con un débil, sino que deben estar equilibradas las fuerzas de cada contendiente. Que en algunos casos ha ocasionado algún perjuicio físico o aún la muerte, no es un he-cho deliberado, ni muy común, sino un accidente. Y también sucede en otros deportes, donde los ejemplos se multiplican. Basta con pensar la cantidad de deportistas de otras disciplinas, fallecidos por “muerte súbita”, por no haberse detectado precozmente una anomalìa. El boxeador desarrolla sus músculos y su resistencia, como en todo deporte. Pero tam-bién debe reprimir su cólera, ser tolerante con su adversario, terminar amigo suyo y no aprovechar ventajas indebidas. Así sucedió por ejemplo, en la recordada pelea de Dogomar con Archie Moore, que al concluir el combate lo felicitó públicamente, diciendo que en su categoría real tenía un gran futuro. Y que viajó a Montevideo a un Festival en el Cilindro Municipal, al cumplirse 40 años de aquel encuentro, abrazando a su viejo rival. El que no procede así, es un mal deportista, como también los hay en otras disciplinas. Y el box abre posibilidades a muchos jóvenes, que tienen ocasión para iniciarse y co-nocer sus condiciones personales, en la práctica de este viril deporte. Pero hay también opiniones adversas, como la que tuvo EL PAYADOR EVARISTO BARRIOS, en versos que incluimos en su totalidad, aunque no estemos de acuerdo con su contenido, como surge de lo que dijimos. Y aún sabiendo que posteriormente este cultor del canto repentista, cambió de opinión, como surge de otros versos de su autoría, donde alaba proezas de boxeadores argentinos, en especial una dedicada a Justo Suárez. Es un poeta costumbrista, narrador de situaciones pueblerinas, vistas y expresadas, con ojos de gente de campo. Exagerándolos y haciéndolos entretenidos y graciosos. Pero también, como otros payadores, escribieron para denunciar las injusticias; tenían un ideal, y lo expresaban, sin temor a entrar en temas políticos. Es una figura muy destacada entre los payadores, que no sólo improvisaba sino que también se relacionó mucho con el ambiente tanguero, en las décadas de los 20 y los 30, y sus letras eran cantadas en las milongas de Boedo. Nació en 1889 en el Abasto y quedó huérfano a los dos meses, por lo que fue criado por una hermana y su esposo. Hasta los 14 años vivió en el pueblito de Atalaya, y luego en Bavio. Fue peón de panadería, ordeñador, carnicero, y supo manejar la horquilla... Cuando hizo el servicio militar comenzó a cantar. Se hizo periodista, de ideas muy fir-mes, pues como el mismo lo dijo “A la noble clase obrera, con mi pluma defendí. Lo que con eso conseguí fue vivir siempre acosao”. Grabó 170 temas y publicó 12 libros, ganando mucho dinero, por lo que compró una es-tancia a tres leguas de la estación, llamada “La Chiquita”, lugar donde falleció en 1959. Este es el texto:

Dos hombres bien invernaos
cuidaos como parejeros,
pa dentrar a un reñidero
llevan los puños forraos.
Frente a frente acomodaos
se miran pa madrugarse,
comienzan a manosearse,
y en el corral hecho a lazo,
se dan cada puñetazo.
¡Hay que ver que gambetear!
Uno se agacha, otro salta,
pa demostrar que no falta
ligereza pa golpiar.
Y al no poder atajar,
un golpe premeditao,
queda un ratito asonsao,
porque el contrario lo alcanza,
¡y le hace sonar la panza
mesmo que un cuero estaquiao
¡Pucha, juerza mal empleada!
Esos hombres invernaos,
pa mí, están equivocaos,
no son útiles pa nada.
La cencia de la trompada
es pa alterar la pacencia.
¡Yo no estoy por esa cencia,
que enriquece en un minuto,
al que es juerte, aunque sea bruto,
y no tenga inteligencia! ...
Francamente, no me explico,
porque nuestra juventud
pa demostrar su salú
busca romperse el hocico.
Tanto el pobre como el rico,
sienten entusiasmo por eso,
y aunque le rompan los huesos,
el que sea menos baquiano,
cae, y levanta en la mano
la bolsa llena de pesos.
Esto que es una injusticia
pal gaucho llegao de ajuera,
es pa la gente pueblera,
casi siempre una delicia.
Yo pregunto sin malicia,
al que sea bien educao.
Porque soy gaucho atrasao,
que al pueblo llega de paso:
Si estropearse a puñetazos
es de hombre civilizao...

vistazo politico

LOS ORÍGENES CULTURALES DE TACUAREMBÓ

Cedemos la palabra al Dr. Por Carlos Arezo Posada (*)

Nuestra tesis

Los que han analizado el importante desarrollo cultural de Tacuarembó en el siglo XX, incluso el propio escritor y poeta Washington Benavides, han priorizado el gran movimiento que se produjo en las décadas del 50 y 60, cuando llegaron a Tacuarembó importantes personalidades como el Maestro José Tomás Mujica, el artista plástico Anhelo Hernández, el director de teatro Julio Castro Álvarez, el violinista del SODRE maestro Jacobo Gurevich, entre otros. Sin embargo, cuando procedemos al estudio de los hechos culturales de décadas anteriores, vemos que existieron fuertes corrientes artísticas que dieron pie al futuro cultural de nuestro medio. Siguiendo a Horacio Ferrer, el arte popular incide en la formación de la cultura nacional y va coadyuvando para marcar identidad nacional. Este arte popular, como exteriorización de las categorías humanas, dice Ferrer, se limitó en sus comienzos, con exclusividad a medios de expresión como la música, la literatura y el teatro, ya sea a través de los cantores de tangos, las orquestas, la poesía y los incipientes grupos teatrales. En tal sentido, el tango fue una expresión que se fue consolidando en ese marco primigenio. Respecto al teatro, en ese proceso, mientras que en Buenos Aires y Montevideo se levantaban grandes edificios, en Tacuarembó, Carlos Escayola construía el suyo, y facilitaba la llegada a nuestra ciudad de trascendentales figuras nacionales e internacionales, incluso antes que al propio Teatro Solís de Montevideo. Hay informes sobre la existencia de una demanda judicial por reclamo del Teatro Solís contra Escayola, al estar prevista la presentación de una Gran Compañía Española, que estuvo primero de incógnito en Tacuarembó, la cual por razones climáticas y estado irregular de los caminos llegaron tarde a su actuación en Montevideo, donde el Teatro tenía las entradas totalmente agotadas. Carlos Escayola, Jefe Político de Tacuarembó, (lo que es hoy un Intendente) mientras sus colegas levantaban edificios para cuarteles, regimientos, ayuntamientos, Municipios, él construía un TEATRO, que desde 1891 fue el edificio más importante de San Fructuoso por más de una década, ya que el cuartel se inauguró doce años después y el edificio municipal veinte años posteriores al teatro. Pero además, durante los 18 años subsiguientes, Escayola dotó a Tacuarembó del esplendor de un desfile incesante de compañías de operas, operetas, varietés, zarzuelas, sainetes, rondallas, comedias, veladas, conferencias, recitales de música, baile y canto, espectáculos circenses, marionetas, títeres, cuartetos de cuerdas, conjuntos carnavaleros, etc. Hay frondosas probanzas de esta serie impresionante de eventos culturales. Como ejemplos, podemos mencionar según la relación de López Cabas y López Saracini, a la Gran Comedia española Cristóbal Galván, la Compañía de alta comedia de Ángel Barros, la Compañía Lírica Italiana de Miguel Tornessi, la Compañía de Operetas de Cifrandi, Puchini y Marescal. Concertistas de alto nivel como Eduardo Fabini, Hugo Balzo, Fanny Ingold, Lauro Ayestarán, Martínez Oyarguren, Pereira Arias y el Cuarteto de Cuerdas del SODRE. Compañías de Revistas Musicales como la Cubana de Josefina Meca y la de Conchita Vila, entre tantas. Insisto, estos 18 años de teatro abierto, culto y popular, fueron organizados por Escayola cuando éste ya había dejado la Jefatura Política del Departamento, y donde sus propios recursos económicos respaldaban el éxito o fracaso de los espectáculos, razón por la cual, cuando se traslada a la capital en 1909, lo hace prácticamente con poco dinero, al haber vendido en épocas anteriores sus propiedades rurales y urbanas. Sin Escayola, el Teatro continuó activo con otras empresas propietarias durante varios años, cerrando definitivamente en 1956. Pero, más allá de su lamentable postura política, hombre autoritario y esbirro representante de la dictadura del momento, en el tamiz del tiempo, no puede desconocerse el valor de estas acciones culturales. Esta etapa pues, marca para nosotros los cimientos de la cultura tacuaremboense. Se generaron un sinfín de corrientes culturales, donde el tango local tuvo su génesis y mayor expresión en la estampa humilde y arrabalera de Froilán “Tuto” Cufré, quien desde 1913, emprendía su arte con la armonía del violín. En ese cruce de artistas que encaraba el Teatro Escayola, se posiciona fuertemente en el medio, durante las décadas del veinte y treinta, la orquesta “Los Dandys del Día” dirigida por Cufré, este modesto violinista de gran calidad y creatividad. Lógicamente, otros factores habrán influenciado en este desarrollo cultural. La ubicación de nuestra ciudad a 400km de Montevideo, lejos de las fronteras, también obligaba a sus vecinos a buscar sus caminos y esforzarse para lograr objetivos mediante andariveles propios y particulares.