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Una guerra sin inicio ni fin

Desde que tengo uso de razón (en materia de política internacional) escucho que la famosa “Tercera Guerra Mundial” está en camino. Pero ¿Podemos determinar cuándo comenzó ó cuándo va a acontecer? ¿Es medio oriente el foco del conflicto y la cuna de esta tercera gran guerra? ¿Qué está pasando hoy en día? Los ataques del 11 de septiembre a las Torres Gemelas abrieron el juego a una nueva serie de excusas intervencionistas vinculadas con una ocupación de más de 10 años en Irak y Afganistán. En ambos casos, el pretexto fue rápidamente desmitificado: Osama Bin Laden no estaba en territorio afgano, sino en Pakistán, y Saddam Hussein no poseía armas de destrucción masiva. En 2013 Barack Obama recibió el Premio Nobel de la Paz a pesar de que en su discurso de asunción prometió retirar a las tropas de la zona. Durante la década del 70, Al Qaeda, célula terrorista que se adjudicó los atentados al World Trade Center, recibió ayuda del gobierno estadounidense para expulsar a la URSS de su país. 30 años después, pagarían el precio de armar y entrenar a quienes hoy en día se refugian bajo el manto de ISIS. Medio oriente es un mundo mucho más complejo de lo que intentan minimizar las potencias occidentales. Sus costumbres, historia y culturas milenarias en muchos casos son simplificadas a estigmatizaciones que poco tienen que ver con la realidad. La presión política y militar de Europa y Estados Unidos sobre la región generó a lo largo de las décadas una suerte de hoya a presión o volcán que cada tanto explota. En la actualidad, el panorama político es mucho más complejo. La revolución de la Primavera Árabe, gracias a la aparición de las nuevas tecnologías y la comunicación 2.0, llegó desde Túnez (norte de África) hasta Siria, donde los ciudadanos comenzaron a sublevarse contra la dictadura del líder Bashar Al Assad. Las consecuencias están a la vista de todos: La represión del gobierno de Al Assad y los delitos de lesa humanidad cometidos por sus fuerzas despertaron la atención de todo el mundo occidental, quienes rápidamente comenzaron a protestar en contra del dictador. Los primeros aviones de combate aliados (principalmente franceses y norteamericanos) no tardaron en desplegar todo su poderío sobre escuelas, hospitales y centros de refugiados. Tanto la intervención en Irak como en Siria (países limítrofes) despertó el sentimiento “anti imperialista” en los fundamentalistas religiosos quienes comenzaron a reorganizarse bajo el nombre de ISIS (Estado Islámico) y formaron un Califato en la región. Los ciudadanos sirios, aterrados por la agresión de Al Assad y de ISIS, comenzaron una odisea para desembarcar en tierras europeas. Entre tantos inmigrantes que escapaban de la guerra, las nuevas células terroristas se infiltraron y ocasionaron los ataques perpetrados en París el pasado mes. El mundo entero llora a los muertos en Le Bataclan pero parecen haber olvidado que durante la misma semana un atentado en Beirut terminó con la vida de la misma cantidad de gente. Europa jugó nuevamente sus cartas. Gran Bretaña comenzó a bombardear la región con sus primeros aviones, Francia retomó la ofensiva tras los atentados y Rusia, quien apoya al gobierno de Bashar Al Assad, aceptó tomar ofensivas en conjunto con Estados Unidos para derrotar a ISIS. Desde hace décadas que medio oriente es una zona de permanente conflicto. No se puede determinar con exactitud si estamos en presencia de la Tercera Guerra Mundial o si por el contrario somos espectadores de un ejemplo de colonialismo moderno que tiene, como consecuencia de cualquier tipo de intervención, sublevaciones locales en contra del poder de turno. Lo que si podemos determinar es que sin dudas estamos ante la presencia de una guerra sin inicio ni fin.

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El precio de la seguridad

Benjamin Netanyahu viajó a Estados Unidos para limar asperezas con Barack Obama en búsqueda de ayuda para frenar la ola de ataques acontecidos en la región. Su principal objetivo es aumentar el monto que recibe anualmente por parte del gobierno norteamericano para seguir reforzando la seguridad de su país. En los últimos meses, ambos mandatarios se mantuvieron distanciados luego de que el gobierno de Obama impulsara el acuerdo nuclear con Irán, el cual le permite al país pérsico construir plantas de enriquecimiento. En su momento, Netanyahu criticó duramente la decisión de Estados Unidos en el mismísimo congreso, plagado de republicanos, y dijo:” “Debemos unirnos para detener el terrorismo propiciado por el régimen de Irán, que quiere muerte para Estados Unidos. Para saber el peligro que corremos tenemos que entender lo que se intenta desde Irán”. Si bien el acuerdo se firmó, el primer ministro israelí no dejó de esconder su rechazo al mismo y, de esta manera, se enfriaron las relaciones entre ambas naciones. En la actualidad, la región vive una nueva escalada de violencia. Desde el mes de octubre, una gran cantidad de palestinos fueron asesinados por el ejército israelí al ser denominados amenazas para la sociedad. A raíz de esto, el gobierno de Netanyahu tomó medidas como cerrar la explanada a la mezquita santa de Jerusalén y prohibir el ingreso a diferentes zonas de la ciudad. Hasta el momento, 76 palestinos y 12 israelíes fueron víctimas de la ola de violencia. Hace unos días, Netanyahu y Obama se reunieron en la Casa Blanca para discutir estos temas. Fue la primera reunión luego del polémico acuerdo nuclear iraní, impulsado por Washington, y al que Israel, y en concreto Netanyahu, se opusieron de forma frontal, hasta el punto de dañar las relaciones entre los dos países. Durante la charla, Obrama se mostró claro en su discurso apuntando a que “Israel tiene el derecho y la obligación de defenderse” de los ataques terroristas locales. Sin embargo, su deseo de ver dos estados coexistentes para el momento en el que abandone su mandato está lejos de ser realidad. Por otro lado, las intenciones de Netanyahu tenían otro color. El primer ministro israelí visitó la Casa Blanca con el objetivo de renovar y aumentar el acuerdo bilateral por el que EEUU otorga a su gobierno más de 3.000 millones de dólares de ayuda al año. Según diferentes fuentes, Netanyahu estaría buscando ampliar esa cifra a unos 5.000 millones anuales. Prácticamente el total de ese dinero está destinado a la defensa del Estado de Israel. Entrenamiento de las tropas, desarrollo tecnológico y el control de fronteras son algunos de los principales puntos que acaparan la mayor cantidad del dinero norteamericano. Los lazos entre Israel y Estados Unidos vuelven a tender un puente diplomático. La violencia sigue azotando la región y el conflicto parece lejos de solucionarse. La visita del Papa Francisco a medio oriente durante el mes de mayo parece haber quedado en el olvido. Mientras tanto, los líderes mundiales negocian cifras millonarias para seguir reforzando su seguridad y continuar fomentando la violencia. El precio de la seguridad.